TEMA 3: BUSCADORES, REVISTAS Y CITACIÓN APA
Mentxu es una mujer empadronada en San Sebastián desde hace 10 años. Tiene 65 años y le han diagnosticado demencia de tipo Alzheimer. Hasta hacia dos años se había desenvuelto bastante bien en su día a día.
Tiene cierto deterioro cognitivo, problemas de atención, problemas de lenguaje, pérdidas de memoria y no es capaz muchas veces de orientarse. Ha tenido despistes en varias ocasiones dejando el fuego de la cocina encendido y un día no supo regresar a casa desde la tienda de alimentación a la que acude con regularidad.
Ha perdido objetos que luego aparecen en lugares insospechados y se enfada acusando a su familia, en concreto a su hija con la qué convive, culpándola de que es ella quién los deja allí. Los episodios de confusión son cada vez mayores, su vocabulario y léxico cada vez más empobrecido y apenas duerme. Físicamente ha dado un bajón con respecto al año anterior bastante grande.
Su hija de 45 años, que no entiende la situación por la que pasa su madre, no sabe a que atenerse con esta enfermedad. En muchas ocasiones ambas dos, manifiestan mantenerse solas en todo lo que están viviendo a pesar de que coinciden para las comidas y cenas de Mentxu.
DEMENCIA DE TIPO
ALZHEIMER
En primer lugar, vamos a
definir qué es la demencia de tipo Alzheimer, a partir de ahora EA. Según la
revista “Cuadernos de Neuropsicología”:
La
enfermedad de Alzheimer (EA), se reconoce como la enfermedad neurodegenerativa
con mayor impacto a escala global dentro de todos los sistemas de salud. La EA
ataca y daña severamente el Sistema Nervioso Central, produciendo alteraciones
irreversibles en la función ejecutiva y en todos los procesos psicológicos superiores
y motores, afectando la Calidad de Vida del paciente, desde sus etapas
iniciales hasta las etapas de deterioro severo, en donde la EA, generalmente,
termina con la vida de la persona que la padece. (Parra-Bolaños et al., 2014,
pp. 243).
Hemos visto una
definición científica de qué es la EA, pero vamos a profundizar más en otros
aspectos, como en los síntomas que provoca esta enfermedad en las personas que
la padecen. Según el Acta Odontológica Venezolana:
El mayor de los síntomas usualmente lo constituye
una fuerte dificultad para recordar hechos y eventos, incoherencias en el
lenguaje, y disfasia. Luego existe una gradual y progresiva pérdida de la
memoria y de otras actividades cognitivas que terminan en la incapacidad para
reconocer familiares o amigos y dificultad para llevar a cabo tareas tan
simples como peinarse. Ocurre también un deterioro general de las destrezas
motoras, desorientación, y cambios en la conducta que pueden resultar en
actitudes inapropiadas y hasta groseras. Puede presentarse en estos pacientes;
la aparición al mismo tiempo de cambios en la personalidad, delirios, cambios
repentinos de estado de ánimo, depresión y problemas de conducta. (Od.
Alven y Arreaza, 2007, pp. 116-119).
Algunos de estos
síntomas, como los cambios de humor, el aturdimiento y desorientación, entre
otros, son, en la mayoría de las ocasiones, los motivos por los que el enfermo
o sus familiares deciden ir a una consulta médica. (Fernández, 2009). Según el
artículo extraído de la revista de Trabajo y Acción Social, las fases de la
evolución de la enfermedad, de manera esquemática, son las siguientes:
I
Fase: Inicial o leve
·
Con frecuencia no se le concede
importancia a los síntomas de esta fase.
·
El enfermo necesita supervisión,
vigilancia, ánimo, recordatorios, etc., para poder llevar a cabo la
satisfacción de las actividades básicas de la vida diaria (AVD).
II
Fase: Intermedia o moderada
·
Tiene síntomas y problemas marcados que
impiden realizar muchas actividades de la vida diaria.
· El enfermo necesita ayuda parcial para la ejecución de dichas actividades.
III
Fase: Tardía o severa
·
Dependencia total, trastornos muy unidos a
decaimiento físico significativo.
·
El enfermo precisa de suplencia o ayuda
total para la realización de las actividades mencionadas.
·
En el enfermo de Alzheimer la sonrisa es
una de las últimas manifestaciones en desaparecer. (Fernández, 2009, pp. 16).
“En el presente la EA
afecta a casi 25 millones de personas alrededor del mundo, y se vislumbra con
un crecimiento tan grande, que, para las próximas dos décadas, probablemente
triplique esta cifra.” (Parra-Bolaños et al., 2014, pp.245). Es por eso la
importancia de tener unas nociones básicas de cuál es la sintomatología de esta
enfermedad, las distintas fases por las que el enfermo pasa, con lo que ello
conlleva para su cuidador, de lo cuál hablaremos más adelante, y, además,
también es importante saber cuáles son los factores que pueden incentivar el
diagnóstico de EA, para poder, en la mayor media posible, evitarlo o retrasar
la sintomatología y el deterioro. Según se expone en la revista “Cuadernos de
Neuropsicología”:
La
propensión a padecer de mal de Alzheimer, aumenta considerablemente con el
envejecimiento, con la cercanía o parentesco respecto de algún familiar que en
el pasado haya sufrido esta enfermedad. Se observa en pacientes con Alzheimer,
una serie de patrones fisiológicos alterados, tales como la presión arterial
alta, los que inciden en la aparición de la EA, y a ello se añade que hay
reportes de casos en donde se correlaciona al mal de Alzheimer con lesiones
craneoencefálicas leves, las cuales podrían afectar o incrementar las
posibilidades de aparición de la EA. Así como el tabaquismo, los alimentos
ricos en grasas, o variantes en familias con rasgos endógenos o monoparentales,
son posibles factores. (Parra-Bolaños et al., 2014, pp. 245-246).
PERSONA ENFERMA DE
ALZHEIMER, CUIDADOR PRINCIPAL Y/O FAMILIA
Una vez tenemos las
nociones básicas de la EA, procedemos a hacer una fundamentación de lo que
conlleva esta enfermedad a nivel personal y social, tanto como para el enfermo,
como para su cuidador principal. Para ello, he extraído del artículo “El
Trabajo Social Sanitario con las familias de los enfermos de Alzheimer”, las
ideas fundamentales que aporta la autora bajo su experiencia personal como
cuidadora de su madre enferma, además desde un punto de vista profesional, como
trabajadora social.
Primero vamos a abordar
los cambios en los roles en la vida familiar. La autora Emilia Fernández nos
dice que la experiencia vivida acompañando a su madre durante cinco años en el
proceso de su enfermedad le enseñó lo siguiente:
Que
había que estar muy informado sobre la evolución de la misma; que el lugar que su
madre había ocupado en la familia iba quedando vacío, mientras que el rol que
había representado y la función que había desempeñado en ella iban dejando de
existir paulatinamente; que sus relaciones sociales, con la familia y con los
vecinos se iban deteriorando, debido a sus dificultades de comunicación, y,
consecuentemente, se sentía impedida para expresar sus necesidades y pedirles
apoyo en el momento de su vida en que más lo necesitaba. (Fernández, 2009, pp.
17).
Como se dice
anteriormente, las relaciones sociales del enfermo se desgastan,
principalmente, debido a las nuevas dificultades a las que se enfrenta en la
comunicación. Además, la sintomatología de esta enfermedad como los cambios de
humor, la falta de precisión, el aturdimiento o los errores en la repetición,
entre otros, desemboca en una desgana para el autocuidado personal, la
autoestima disminuye y aumenta la tristeza. (Fernández, 2009).
En torno a la persona con
EA, suele haber una persona que asume el papel de cuidador principal. Según se
expone en la Revista Farmacéuticos Comunitarios:
El cuidado al enfermo de Alzheimer se realiza a través de la estructura informal, mayoritariamente en el ámbito familiar. Los cuidadores informales familiares de los enfermos de Alzheimer viven junto al enfermo a lo largo de todas las fases de la enfermedad y sufren en primera persona el deterioro progresivo e irreversible de su familiar, lo cual tiene un considerable coste en su propio bienestar. El cuidado diario de un familiar enfermo de Alzheimer supondrá un estrés emocional y físico importante para el cuidador. El resultado puede desembocar en un intenso sentimiento de sobrecarga y conducir a diversas psicopatologías como depresión, ansiedad, agresividad, etc., que a su vez pueden redundar en una merma en la calidad de la atención al EA. (Vérez et al., 2015, pp.33).
Se debe tener en cuenta
que el cuidador principal también tiene que conciliar su vida personal y
laboral, además del rol de cuidador, en la que la mayoría de ocasiones, éste se
ejerce por mujeres. Cabe destacar también, la importancia del deterioro que
sufre la familia, pues cuando el enfermo se vuelve dependiente se reestructura
de nuevo, adoptando roles y desempeñando funciones, que hasta entonces habían
sido propias de las personas, además de las limitaciones de las relaciones
sociales y el esfuerzo económico que supone prestar la atención necesaria al
familiar enfermo. (Fernández, 2009).
SOLEDAD NO DESEADA
Es evidente la
complejidad de las situaciones de personas enfermas de Alzheimer y sus
cuidadores o familias. Con todo lo expuesto anteriormente podemos entender
mejor por qué Mentxu y su hija manifiestan sentirse solas, pues la persona
enferma suele manifestar tristeza y cambios de humor o personalidad; y, por otra
parte, el cuidador principal, en este caso su hija, se encuentra sobrecargada y
triste por la nueva situación. Profundizaremos un poco más en este tema para
entender cuál es el proceso por el que están pasando.
La soledad no deseada muchas
veces se asocia únicamente al factor de la edad, en este caso, vemos como tanto
Mentxu de 65 años, y su hija de 45, se sienten solas, principalmente por el
factor de la EA. Si bien es cierto que las personas mayores tienen un elevado
riesgo de padecer este sentimiento debido a que están más expuestas a que sus
relaciones sociales disminuyan, los roles asociados a la jubilación, el
deterioro de la salud, o la disminución de los ingresos económicos (Campo et
al., 2021), se debe prestar atención a las causas de la soledad en igual
medida, o incluso mayor medida, de la hija, pues siendo ella la cuidadora
principal es importante que física y mentalmente se encuentre bien.
Se debe entender al
cuidador desde un carácter multidimensional, entendiendo sus necesidades tanto desde
un nivel de recursos básicos, como desde un punto de vista social, pues las
personas somos seres bio-psico-sociales.
Dentro
de las necesidades que con más frecuencia presentan los cuidadores podemos encontrar
el disponer de tiempo libre, lo cual se convierte en casi una utopía por lo que
no hay espacio para el ocio, la recreación y el contacto con la sociedad,
convirtiéndose esto en una insuficiencia vital, es por ello que se olvidan de
sí mismos, dando paso al cuidado de otros. (Nájera et al., 2021).
Esto nos lleva a pensar
que la soledad de su hija se debe al deterioro de sus relaciones sociales
debido al tiempo que le tiene que dedicar a su madre. Pero, además tenemos que
tener en cuenta que madre-hija, se sientes solas aún estando juntas.
Encontramos esta explicación
a lo mencionado anteriormente en el Artículo de Investigación “Percepción de
Soledad en la Mujer”, extraído El Ágora:
La
soledad no es simplemente la falta de relaciones sociales (o de apoyo social),
sino que se trata de una experiencia que sobreviene a la persona cuando ésta
percibe la ausencia de un tipo muy específico de relación, estrechamente
vinculado a la persona, o fuente que hace posible esa relación o suministra el
apoyo social. (Zapata y Arredondo, 2012, pp. 144).
Como conclusión a este
apartado, extraemos que la soledad no deseada no sólo se debe al factor de la
edad, si no que se debe entender desde un punto de vista interseccional; se
debe tener en cuenta al cuidador con un carácter multidimensional y atender la
necesidad de su tiempo libre para no aumentar la sensación de soledad no deseada;
y además, en el caso de Mentxu y su hija, se sienten solas entre ellas pues la
situación de Alzheimer a ocasionado un deterioro en su relación como madre
hija, la cual contaba con un fuerte
vínculo que se ha visto comprometido a raíz de la enfermedad.
ABORDAJE DE LA SITUACIÓN
(CONTEXTO DE LA EA EN ESPAÑA)
Es necesario prestar
atención a las necesidades del enfermo y su familia o cuidador principal para
poder, desde las instituciones públicas y privadas, asegurar la cobertura de
éstas, en la medida de lo posible, y potenciar el menor impacto posible en sus
vidas.
La Confederación Española
de Alzheimer expone lo siguiente a cerca de la atención al cuidador principal:
Una
atención integral del cuidador debe contemplar múltiples acciones: programa de
acogida, sesiones informativas, formación teórica y práctica, asesoramiento,
soporte emocional, adecuación de recursos, tratamiento farmacológico si lo
precisa y acompañamiento a lo largo de todo el proceso. La relación entre el
tercer sector y la administración pública debe ser amplia, con un diálogo
continuo que favorezca el intercambio de conocimientos tanto sobre necesidades
como propuestas de colaboración. (CEAFA, 2011).
Tras habernos
fundamentado acerca de la situación, que al igual que Mentxu y su hija, son
muchas las personas que la viven en España, podemos entender cual es el proceso
de la enfermedad, su sintomatología, factores, fases, etc.; a qué cambios y
dificultades se enfrenta la familia; cómo afecta al cuidador principal, física
y mentalmente; y ahora vemos la importancia de una atención integral a estas
familias para poder hacer frente a esta situación tan complicada.
Para abordar este
apartado vamos a comentar a modo resumen el Plan Integral de Alzheimer y otras
Demencias (2019-2023):
El
abordaje de las demencias es una prioridad de salud pública y un problema
social y sanitario de primer orden. En este sentido y, teniendo en cuenta los
diversos sectores de la población que se ven afectados directa o indirectamente
por la enfermedad, así como su complejidad, el “Plan de acción mundial sobre la
respuesta de salud pública a la demencia de la OMS” (aprobado el 29 de mayo de
2017) insta a los Estados a disponer de políticas, estrategias, planes o marcos
nacionales para abordar esta prioridad de salud pública. Y ello desde un
enfoque de salud pública en el que participe, además del Gobierno, todas las
partes interesadas. (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 2019).
A nivel estatal esta iniciativa busca abordar el impacto de estas enfermedades y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y sus familias. Sus objetivos generales son:
- Transformar los sistemas de protección social para adaptarse a las necesidades de las personas con Alzhéimer y sus cuidadores.
- Reducir el impacto de la enfermedad y favorecer el mantenimiento de las personas en su entorno.
Los ejes de actuación son:
- Sensibilización y Concienciación: crear conciencia sobre la EA.
- Atención centrada en la persona: prevención, diagnóstico y tratamiento.
- Derechos y Dignidad: garantizar la ética y la dignidad de las personas afectadas.
- Investigación e Innovación: fomentar la investigación y el conocimiento.
En resumen, el plan busca
abordar la EA desde múltiples perspectivas y mejorar la atención y el apoyo a
las personas afectadas. (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social,
2019).
REFERENCIAS
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